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Infidelidad: el “porqué” de los amantes

La amante 627096

Mas oigo que me decís que sois como el que se abrasa, que viendo que el fuego pasa a ejecutarle en la vida, deja la hacienda perdida, que se abrase con la casa. Dióme celos, y tomélos al punto que me los dio. Y estando ya cerrada la noche, sentada en una silla, la mano en la mejilla, bien suspensa y triste, aguardando a mi madre, que estaba en una visita, entró Luis, el criado de mi casa, o por mejor acertar, don Felipe, aquel caballero pobre, que por serlo había sido tan mal mirado de mis ojos, que no había sido ni antes ni en esta ocasión conocido de ellos, y que servía por sólo servirme. Asustéme al oír esto; mas, por no impedir saber el cabo de su confusa razón, callé; y él prosiguió, diciéndome: -Ya no hay que disimular, señora, conmigo, que aunque ha muchos días que yo imaginaba estos sucesos, ahora es diferente, que ya sé toda la verdad. A pocas de mi casa estaba la del criado que he dicho había despedido mi padre cuando recibió a Luis, que yo sabía medianamente, porque lastimada de su necesidad, por ser anciano, le socorría y aun visitaba las veces que sin mi madre salía fuera. Fuime a ella; donde el buen hombre me recibió con harto dolor de mi desdicha, que ya sabía él por mayor, habiéndole dado palabra que, en haciéndose mis bodas, le traería a mi casa. Allí pasé aquella noche, cercada de penas y temores, y a otro día le mandé fuese a mi casa, y sin darse por entendido, hablase a Claudia y le dijese que me buscaba a mí, como hacía otras veces, y viese qué había y si me buscaban.

Recogemos los testimonios de algunas de ellas y vemos si es producente o no Estar con un tipo arriscado no es muy divertido. El guión daría para mucho, pero hoy vamos a centrarnos en ellas, las otras. Recogemos dos historias contadas en primera persona, recogidas por ' Cosmopolitan '. Ve con cuidado. Y para los machos casados, un consejo: si te metes en las bragas de otra, deja a tu mujer y cambia de vida.

Existen diferentes razones por las que las personas buscan tener un amante afuera de la relación. En muchos casos los infieles tienen a los amantes para compensar algo que no encuentran en su propia relación o para intentar lidiar con sus problemas de pareja. Tienen un conflicto A veces las personas dentro de una relación estable buscan a los amantes o tener un affaire para solventar aquellos problemas con los que no pueden lidiar cara a cara. De esta forma, quieren a la pareja de amantes para buscar aquello que no pueden solucionar o encontrar dentro de su relación.

Y es que en una relación de pareja el sexo es una parte fundamental. De hecho, si no se funciona bien en este aspecto, la pareja se resiente y, si no se soluciona, se puede llegar a la ruptura por mucho que entreambos se amen. Si la relación venéreo que se mantiene, ya dura en el tiempo y hay un alguien nivel de confianza, es el edad de comentar temas personales, experiencias y vivencias, gustos y preferencias… para acudir desviando la atención de simplemente un encuentro sexual hacia el interés por la otra persona. Sin embargo, cuidado porque no deben contarse problemas tampoco tocar temas que al amante le puedan generar estrés o rechazo.

Apuntado y verificado por la psicóloga Mariana Luque Santoro. Cuando aparecen los amantes, el contrato, que puede o no haberse explicitado, se incumple, se atenta contra la confianza dentro de la relación y se generan daños. Históricamente, el hecho de tener amantes no siempre ha sido socialmente reprobado. Aun ha habido épocas en las que la infidelidad ha sido aplaudida, especialmente en el lado masculino. Hasta alguien punto entendible por los matrimonios pactados sin que hubiera amor de por medio. Sin embargo, en la generalidad de países del mundo los matrimonios por pacto han terminado y, con ello, la infidelidad ha pasado a otro plano. De la misma faceta, también influyen valores como la confianza. Entre otros factores que parecen adeudar una participación importante, destaca la influencia y presión que puede ejercer el grupo social para que la andoba se mantenga fiel. Las normas provenientes de la familia de origen, presiones sociales, instituciones o convicciones religiosas pueden ejercer un control sobre estos deseos.

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